La oscura historia de Günter Wallraff
El más famoso periodista "verde" y defensor de los derechos humanos de Alemania, era agente de la STASI, la sanguinaria policía secreta de la RDA.
La prensa de izquierda censuró la noticia que ha estado remeciendo las conciencias de Alemania durante los últimos meses. Lo que sucede es que la prensa de izquierda publica sólo las noticias que ella quiere que el lector sepa, la mayoría para desinformar (contrainformación, le llaman). Pero publicar noticias como el caso del periodista alemán Günter Wallraff, pueden dejar en clara evidencia el verdadero "trabajo" periodístico de muchos. Y es que no se trata de hacer periodismo, se trata de hacer "trabajo" revolucionario, antidemocrático, anti Bush y anti-neoliberal.
Günter Wallraff, paradigma del periodismo izquierdista de denuncia del racismo o la manipulación de la prensa, el gran defensor de los derechos humanos y gran acusador del gobierno de Augusto Pinochet, el gran defensor de la Paz y contrario al presidente Bush y a la guerra de Irak, es acusado de haber sido agente de la STASI, la siniestra y criminal policía de seguridad de la Alemania comunista.
En la década de los 80, Wallraff, se disfrazó de inmigrante árabe como Alí el obrero, e hizo avergonzar a la sociedad germana con su libro "Cabeza de turco", por las revelaciones sobre el abuso y la explotación contra los trabajadores extranjeros.
Según los documentos de la Oficina Tutelar de los Archivos de la STASI de Berlín, que guarda los documentos secretos del gobierno comunista de la RDA (República Democrática Alemana), Günter Wallraff trabajó como agente entre 1968 y 1971, bajo el nombre clave de "Wagner", con la misión de espiar a otras personas.
Mientras los patrones de Wallraff torturaban y asesinaban en la RDA, él vociferaba en contra de la OTAN, en contra del imperialismo yanqui, en contra del "capitalismo salvaje".
Y mientras la Social-Democracia alemana y un sinfín de ONGs lo exponían por toda Europa como un ejemplo de periodista ecológico y humano, el agente "Wagner" entregaba a la STASI y a la KGB soviética información sobre "métodos de guerra psicológica" y "sustancias químicas", conseguida del seguimiento a investigadores occidentales y de las actividades del consorcio Bayer.
En 1992, durante el éxito editorial de su libro "Cabeza de turco", Wallraff fue acusado de haber sido espía comunista, acusaciones que rebatió con el argumento de que se trataba de una maniobra para desprestigiarlo.
El escándalo ha tomado ahora más fuerza, a la luz de las denominadas "Actas Rosenholz", un material de la STASI que, tras la reunificación, cayó en manos primero de la KGB y luego de la CIA, hasta que el pasado mes de Julio fueron devueltos a Alemania. La nueva documentación ha permitido subsanar una serie de lagunas de conocimiento. Hasta ahora, existían dudas acerca de la identidad de ese "Wagner", por un salto de fechas y dos errores tipográficos.
Cotejando la información conservada en Alemania con la aportada por la CIA se ha reconstruido el acertijo según un informe de nueve páginas, presentado al gobierno alemán. Hasta ahora el departamento que custodia los archivos de la STASI en Berlín había tachado de insostenibles las acusaciones. Pero la situación ha cambiado, según ha admitido ahora su actual directora, Marianne Birthler. Las "Actas Rosenholz" no exculpan ya a Wallraff, sino que apuntan a lo contrario. Tal vuelco en el caso se ha producido, dice Birthler, "tras el análisis de las pruebas recibidas de la CIA".
Günter Wallraff adoptó la identidad del "turco" Alí, aceptó los trabajos más duros, se ofreció para experimentos humanos de la industria farmacéutica, trabajó de mecánico de una central nuclear- "para vivir en propia carne la marginalidad y desprecio a que se ve sometida la inmigración", según sus propias palabras. El resultado fue "Cabeza de turco", best-seller en Alemania, que le valió la enemistad eterna de quienes se vieron "retratados" en la denuncia, como la Unión Cristianosocial de Baviera (CSU), cuyo patriarca, Franz Josef Strauss, le había llevado ya a tribunales.
Las nuevas revelaciones sobre la historia oculta de Wallraff saltaron a la opinión pública a través del diario "Die Welt". Según los propios archivos secretos de la STASI, el agente "Wagner" fue despedido en 1973, por ser un individuo "poco fiable, inconsistente y olvidadizo". Como ya lo dijera el propio Bertold Brecht, "la revolución se devora a sus propios hijos".
La prensa de izquierda censuró la noticia que ha estado remeciendo las conciencias de Alemania durante los últimos meses. Lo que sucede es que la prensa de izquierda publica sólo las noticias que ella quiere que el lector sepa, la mayoría para desinformar (contrainformación, le llaman). Pero publicar noticias como el caso del periodista alemán Günter Wallraff, pueden dejar en clara evidencia el verdadero "trabajo" periodístico de muchos. Y es que no se trata de hacer periodismo, se trata de hacer "trabajo" revolucionario, antidemocrático, anti Bush y anti-neoliberal.
Günter Wallraff, paradigma del periodismo izquierdista de denuncia del racismo o la manipulación de la prensa, el gran defensor de los derechos humanos y gran acusador del gobierno de Augusto Pinochet, el gran defensor de la Paz y contrario al presidente Bush y a la guerra de Irak, es acusado de haber sido agente de la STASI, la siniestra y criminal policía de seguridad de la Alemania comunista.
En la década de los 80, Wallraff, se disfrazó de inmigrante árabe como Alí el obrero, e hizo avergonzar a la sociedad germana con su libro "Cabeza de turco", por las revelaciones sobre el abuso y la explotación contra los trabajadores extranjeros.
Según los documentos de la Oficina Tutelar de los Archivos de la STASI de Berlín, que guarda los documentos secretos del gobierno comunista de la RDA (República Democrática Alemana), Günter Wallraff trabajó como agente entre 1968 y 1971, bajo el nombre clave de "Wagner", con la misión de espiar a otras personas.
Mientras los patrones de Wallraff torturaban y asesinaban en la RDA, él vociferaba en contra de la OTAN, en contra del imperialismo yanqui, en contra del "capitalismo salvaje".
Y mientras la Social-Democracia alemana y un sinfín de ONGs lo exponían por toda Europa como un ejemplo de periodista ecológico y humano, el agente "Wagner" entregaba a la STASI y a la KGB soviética información sobre "métodos de guerra psicológica" y "sustancias químicas", conseguida del seguimiento a investigadores occidentales y de las actividades del consorcio Bayer.
En 1992, durante el éxito editorial de su libro "Cabeza de turco", Wallraff fue acusado de haber sido espía comunista, acusaciones que rebatió con el argumento de que se trataba de una maniobra para desprestigiarlo.
El escándalo ha tomado ahora más fuerza, a la luz de las denominadas "Actas Rosenholz", un material de la STASI que, tras la reunificación, cayó en manos primero de la KGB y luego de la CIA, hasta que el pasado mes de Julio fueron devueltos a Alemania. La nueva documentación ha permitido subsanar una serie de lagunas de conocimiento. Hasta ahora, existían dudas acerca de la identidad de ese "Wagner", por un salto de fechas y dos errores tipográficos.
Cotejando la información conservada en Alemania con la aportada por la CIA se ha reconstruido el acertijo según un informe de nueve páginas, presentado al gobierno alemán. Hasta ahora el departamento que custodia los archivos de la STASI en Berlín había tachado de insostenibles las acusaciones. Pero la situación ha cambiado, según ha admitido ahora su actual directora, Marianne Birthler. Las "Actas Rosenholz" no exculpan ya a Wallraff, sino que apuntan a lo contrario. Tal vuelco en el caso se ha producido, dice Birthler, "tras el análisis de las pruebas recibidas de la CIA".
Günter Wallraff adoptó la identidad del "turco" Alí, aceptó los trabajos más duros, se ofreció para experimentos humanos de la industria farmacéutica, trabajó de mecánico de una central nuclear- "para vivir en propia carne la marginalidad y desprecio a que se ve sometida la inmigración", según sus propias palabras. El resultado fue "Cabeza de turco", best-seller en Alemania, que le valió la enemistad eterna de quienes se vieron "retratados" en la denuncia, como la Unión Cristianosocial de Baviera (CSU), cuyo patriarca, Franz Josef Strauss, le había llevado ya a tribunales.
Las nuevas revelaciones sobre la historia oculta de Wallraff saltaron a la opinión pública a través del diario "Die Welt". Según los propios archivos secretos de la STASI, el agente "Wagner" fue despedido en 1973, por ser un individuo "poco fiable, inconsistente y olvidadizo". Como ya lo dijera el propio Bertold Brecht, "la revolución se devora a sus propios hijos".

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